Se acercan las elecciones, o mejor dicho las “destituciones”, y es que en este país, el voto no es un mecanismo de elección de un partido o líder que aporte unas ideas mas o menos interesantes para el bienestar de la mayoría, sino una herramienta de destitución que en ningún caso tiene en cuenta las circunstancias, simplemente sustituye A por B y viceversa, lo cual me lleva a preguntarme si realmente merece la pena “la parafernalia de las urnas”, cuando parecemos estar condenados al autentico coñazo parcialmente totalitario de que sean siempre los mismos los que deban conducirnos por esta espiral de sinsabores. Y es que tanto si eres conservador como progresista, solo tienes una opción real.
Recibo esta “fiesta de la democracia” con pesimismo y absoluto aburrimiento.
En un sistema capitalista y bipartidista, la esperanza no deja de ser una presa fácil en una batida de cazadores. Durante la legislatura de Zapatero, quedó demostrado con creces que el poder es y será siempre del dinero y no del pueblo, y que solo algunos matices propagandísticos distinguen a unos partidos de otros, y estos matices parecen ser mas prácticos cuando se maquillan y aplican demagógicamente para sembrar la confusión y el desconcierto entre la ciudadanía.
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